¿Un qué?
-Buenas
tardes.
-Buenas
tardes niño, ¿en qué puedo servirte?
-Me
vende un desbrumitilizador, color negro, por favor.
-¿Un
qué?
-Un
desbrumitilizador.
-Creo
que estás equivocado, acá no vendemos eso.
-
¿Ésta no es la sección de herramientas?
-Si,
efectivamente, pero no existe esa herramienta.
-¡¡¡Cómo
que no!!!! Todos deberían tener una, hacer miles… millones.
-En
serio, no sé cuál es esa herramienta.
Era el
vigésimo intento de Federico de hallar un desbrumitilizador en la ciudad, había
preguntado en las farmacias, en las ferreterías, en los almacenes de
cadena y en los centros especializados de herramientas… nada de nada. Era tan
obvio, tener un desbrumitilizador en casa debería ser una obligación: se
necesitaba en los restaurantes, en los colegios, en los grupos de amigos, con
la novia, en los cines, en los centros comerciales, en la cena con los padres,
en TODO ladoooooo.
-Niño,
tal vez quieras hacer un dibujo de la herramienta que buscas y decirme para qué
sirve.
-¡¡¡¡Por
favor, señor!!!! Es tan obvio, un desbrumitilizador, como la palabra lo
indica sirve para desbrumitilizar a las personas de la brumitilización en la
que andan.
-Pues,
obviamente no sé qué es brumiti… cosa esa que dices.
Sale
Federico el almacén con la cabeza agachada y con tristeza en su mirada, qué
nadie sabía qué era cuando una persona estaba brumitilizada?!! Era tan
evidente, en su casa estaban brumitilizados su mamá, su papá y su hermana
mayor, la pequeña Danna se salvaba aún de este mal. En su colegio, había visto
uno que otro docente y en el transporte público, en el restaurante, en las
calles, en los centros comerciales era una plaga…
Pensó
en explicarle al empleado qué era y cómo se evidenciaba, para lo cual, llevó
unos dibujos en su agenda, dibujó las acciones que realizaban las personas
brumitilizadas, la descripción de la palabra y regresó al almacén.
Cuando
el empleado vio las imágenes soltó la carcajada… y miró a Federico con
inocencia. Él le preguntó si con estos dibujos podía definir lo que era
brumitilizarse, el empleado asintió y le dijo:
Querido
niño, aún no han inventado el artefacto que logre desbrumitilizar a las
personas, si quieres puedes diseñarlo.
¡Oh! -
Federico, escuchó la idea y le gustó.
Brumitilizarse
es estar BRUtamente UTILIZAdo por la tecnología, a tal punto de no vivir la
vida con la emoción de la realidad.
Federico
a la semana regresó con una caja, en la cual tenía el desbrumitilizador, el
empleado la vio y le gustó mucho, tanto que ya existen en el mercado varios
prototipos y vienen en varios colores. Acá te dejamos el dibujo del producto,
espero que te sirva la idea de Federico, y logres DESBRUMITILIZAR todos los
brumitilizados que andan por ahí.
Elaboró
Martha Arévalo Acero
Hermoso Martha muy creativo el cuento.
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